RESULTADO

  • Características de la población

    Las características de la población estudiada diferenciadas por género se presentan en la tabla I.

    La edad media de los sujetos fue 80.98±4.58 años. El 54.4% de la población fueron hombres (edad media 80.16±4.58) y el 45.6% mujeres (edad media 81.96±4.48). No se apreciaron diferencias estadísticamente significativas, debidas al sexo, edad, situación social e índice de comorbilidad. El 86% de la población estudiada presentó una aceptable situación social.

    Ninguna mujer mostró problemas sociales y tan sólo el 3,5% de los hombres presentó problemas sociales. La media de patologías diagnosticadas en cada individuo fue de 6.19±4.09, encontrando diferencias significativas debidas al sexo.

    Las mujeres presentaron mayor número de patologías que los hombres (mujeres 7.38±4.22 y hombres 5.19±3.72). Los valores de CCI indicaron que el 63% de la población presentaba ausencia de comorbilidad siendo los valores medios los correspondientes a una probabilidad de mortalidad menor del 26%, en los próximos 3 años.

  • Estado Nutricional

    La mayor parte de la población presentó un buen estado nutricional, según los resultados del MNA (25.58±3.66). No obstante, alrededor del 23% de los sujetos presentaron riesgo de malnutrición y el 3,5% presentó malnutrición.

    En la tabla II, se presenta la distribución de la población según las respuestas en los diferentes apartados del MNA. Los resultados indicaron que en los últimos tres meses, el 10,5% de la población disminuyó el consumo de alimentos, más del 24% perdió peso y el 21% padeció alguna enfermedad aguda o situación de estrés. A nivel funcional, la mayoría de la población, vivía de manera independiente en su domicilio, abastecían personalmente la despensa, preparaban los alimentos, comían solos y habitualmente salían del domicilio sin presentar dificultades importantes de movilidad Respecto a patologías y toma de fármacos, el 21% de la población padecía algún problema psicológico (depresión leve), casi el 90% de la población no presentaba ni lesiones cutáneas ni úlceras y alrededor del 70% de la población tomaba más de 3 medicamentos diarios.

    En la valoración antropométrica se observó una pequeña proporción de individuos con peso insuficiente. Las circunferencias del brazo y de la pantorrilla presentaron valores indicativos de riesgo de malnutrición en un 14% y un 25 % de la población, respectivamente. Cabe destacar, que más del 75% de la población presentó valores de índices antropométricos correspondientes a un buen estado nutricional.

    Con respecto a la valoración dietética de la población, más del 95% de los individuos realizaban menos de 3 comidas completas al día. Sin embargo, la mayoría de la población mantenía unos buenos hábitos alimentarios, consumía lácteos, carne y pescado al menos 1 vez al día, huevos y legumbres al menos 1 o 2 veces a la semana, y consumía frutas y verduras más de 2 veces al día. Cabe destacar que uno de cada dos individuos no tenía una adecuada hidratación.

    En la valoración subjetiva del estado nutricional y del estado de salud general, cerca del 90% de los individuos consideraron no tener ningún problema nutricional y alrededor del 70% de la población reconocía tener un mejor estado de salud en comparación con otras personas de su edad y entorno.

    Relaciión del riesgo de malnutrición con patologías y factores sociales

    En la tabla III se muestran las correlaciones entre el riesgo de malnutrición y el resto de variables evaluadas en este colectivo. Aunque no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de malnutrición, debidas al género de la población, las mujeres obtuvieron menor puntuación en el cuestionario MNA (25.31±3.45) que los hombres (25.81±3.88).

    Con respecto a la edad, los colectivos más longevos, de edades superiores a 85 años, presentaron valores de MNA indicativos de malnutrición. La situación social también influyó en el estado nutricional. Alrededor del 70% de la población tenía un buen estado nutricional y su situación social era aceptable, sin problemática social. En cambio, el 17.5% de la población presentó una buena situación social pero se encontraba en riesgo de malnutrición y el 3.6% tenía problemas sociales y presentaba riesgo de malnutrición (1,8 %) y malnutrición (1.8 %).

    Las personas que padecían más de 6 patologías, también presentaban un mayor riesgo nutricional. Especialmente interesante es que el 45,6% de la población mostraba un buen estado nutricional y tenía menos de 5 patologías. Por otro lado, cuanto menor fue el riesgo de malnutrición la probabilidad de mortalidad disminuyó, aunque no se encontraron diferencias estadísticamente significativas.

Tabla I


  • Discusión

    El diagnóstico precoz de malnutrición y la valoración de otros factores asociados al proceso del envejecimiento son claves para poder evitar un empeoramiento del estado de salud y calidad de vida de esta población tan vulnerable. El riesgo de malnutrición es común en poblaciones de ancianos (2) y se asocia con el riesgo social, mayor número de enfermedades, mayor mortalidad y menor calidad de vida1. Evidentemente, el mantenimiento de un estado nutricional adecuado permite mejorar los diferentes aspectos implicados en la calidad de vida. Son escasos los estudios realizados en personas de edad avanzada de vida independiente y con autonomía funcional.

    Más escasos son, los estudios en los ancianos de mayor edad (1), aunque las personas de más de 75 años son las que presentan un mayor riesgo nutricional y social. Es interesante recordar que el riesgo de malnutrición en el colectivo estudiado puede pasar desapercibido, ya que el estado aparente de funcionalidad de muchos de los ancianos es correcto, y pueden aparentar un adecuado estado de salud, a pesar de padecer muchos de ellos varias comorbilidades.

    Sólo un pequeño porcentaje de la población estudiada estaba en riesgo social y menos del 18% de la población presentaba una probabilidad de mortalidad superior al 52% en los próximos 3 años. La mayoría de la población padecía menos de 5 enfermedades. Las mujeres presentaron un mayor número de patologías que los hombres, al igual que los resultados encontrados en un estudio realizado en una población de características similares a las del presente trabajo (1) (tabla I).

  • Tabla II

    TABla III

  • Estado Nutricional

    La población estudiada presentó un buen estado nutricional (73,7 %). Sin embargo, algunos individuos (3,5 %) presentaron malnutrición y el riesgo de malnutrición afectó al 22,8 % de los participantes.

    Los artículos revisados, tanto nacionales como internacionales presentan cifras muy diversas, tanto de la prevalencia de malnutrición como del riesgo de malnutrición. Las cifras de malnutrición oscilan entre 0 %2,10-16 y 31,5 %17. Igualmente, la situación de riesgo nutricional presenta valores que oscilan entre 4,5 %18 y 57,5 %19. En la tabla IV se presenta una recopilación de estudios donde se evalúa el estado nutricional mediante el MNA. Los resultados son muy heterogéneos.

    Hay que tener en cuenta que en muchos de los estudios nutricionales referenciados no se especifican las características funcionales de los participantes y estas pueden ser un fuerte condicionante de los resultados obtenidos en la valoración del estado nutricional. En el presente estudio se han incluido tan sólo aquellos ancianos de mayor edad, autónomos, de vida independiente y sin problemas graves de movilidad. Los resultados de este estudio fueron similares a los publicados para la población española de más de 75 años20 y a los publicados por Montejano Lozoya et al2 en un estudio llevado a cabo en condiciones similares a las nuestras.

    Hay pocos estudios realizados en personas mayores autónomas que especifiquen los resultados pormenorizados del MNA en las 4 secciones en las que se agrupan los 18 apartados. En la sección de valoración global varios estudios muestran que las personas mayores también pueden padecer alteraciones del apetito, bien por problemas de morbilidad y sus tratamientos, o bien por el propio proceso de envejecimiento y los cambios fisiológicos que acontecen en él1,3. En nuestro estudio un pequeño porcentaje de individuos manifestaron tener un apetito escaso, haber perdido peso o haber padecido alguna enfermedad aguda o situación de estrés psicológico en los últimos 3 meses, factores indicativos de una mayor probabilidade malnutrición (1,12).

    En la valoración antropométrica, al igual que en otros estudios (12), resulta paradójico que mientras que un 22.8% de la población estudiada presentaba riesgo de malnutrición, el 98.2% tenía IMC adecuado o incluso mostró valores superiores, propios de sobrepeso. Esto puede ser consecuencia de la dependencia de las variables de talla y peso de la edad. Además, es importante tener en cuenta que el estado nutricional es un proceso multifactorial y complejo que también depende de otras variables inmediatas, tales como pérdida de peso reciente, inadecuada ingestión de alimentos y presencia de enfermedades, situaciones que a su vez afectan y empeoran el estado nutriciona (l2,12).

    Con respecto a la valoración dietética, la mayoría de la población estudiada mantenía unos buenos hábitos alimentarios, consumía lácteos, carne y pescado al menos una vez al día, huevos y legumbres al menos 1 o 2 veces a la semana, y consumía frutas y verduras más de 2 veces al día, resultados similares a los encontrados en el estudio de Montejano et al (2). Sin embargo, los resultados son diferentes a los obtenidos por Valls et al (12), que referencian una menor frecuencia de consumo de leche, carne, pescado y legumbres para más de la mitad de su población. Por otro lado, la mayor parte de los individuos estudiados tan sólo realizaban 2 comidas completas diarias y no mantenían una adecuada hidratación, tomaban menos de 5 vasos diarios, resultados alejados del patrón de dieta saludable. Estos resultados son similares a los encontrados en el estudio de Valls et al (12) y diferentes a los encontrados por Montejano et al (2), que referencian que más del 75% de la población mayor de 75 años no institucionalizada mantenía una hidratación adecuada.

    En la valoración subjetiva, alrededor del 90% de los sujetos consideraron estar bien nutridos aunque, tal y como se indicó anteriormente, casi el 25% presentó riesgo de malnutrición. Estos resultados son similares a los encontrados en varios estudios españoles realizados en poblaciones con características similares a las del presente trabajo (2,12).
  • Tabla IV

  • Relación del riesgo de malnutrición con patologías y factores sociales.

    La población de personas ancianas no son un grupo homogéneo, todo lo contrario es el grupo poblacional más heterogéneo. Por ello, es muy importante poder identificar individualmente a las personas que o bien sufren malnutrición o están en riesgo de padecerla. En este tipo de estudios hay que tener en cuenta no sólo los tradicionales factores de riesgo relacionados directamente con el consumo de alimentos, sino también aquellos otros factores, tales como movilidad, apetito, patologías y variables sociodemográficas, que están fuertemente asociados con la ingesta de nutrientes y el estado nutricional del sujeto (1).

    Los resultados del presente estudio relacionan de forma directa el riesgo de malnutrición con una situación social más desfavorecida, mayor longevidad y mayor número de patologías (tabla III). Aunque las diferencias entre hombres y mujeres no llegaron a ser estadísticamente significativas, cabe destacar que las mujeres presentaron un mayor riesgo de malnutrición que los hombres. La mayor parte de la población tenía un buen estado de salud y presentaba una baja probabilidad de mortalidad en los siguientes tres años.

    De acuerdo con otros estudios, nuestros resultados muestran que el colectivo de personas más longevas (15,19-22) y principalmente las mujeres (2,18,22) presentan una mayor prevalencia de malnutrición.

    Las variables psicosociales no se tienen en cuenta en muchos estudios, sin embargo, son importantes factores de riesgo de malnutrición (1,2,15) y tienen más importancia. cuando se tiene en cuenta la existencia de patologías, como es la situación estudiada en hipertensos y diabéticos (23).

    Nuestros resultados coinciden con los presentados en otros estudios en los que se relaciona la malnutrición, (valorada mediante el MNA), con un mayor índice de mortalidad en las personas de edad avanzada21 y la mayor prevalencia de patologías crónicas diagnosticadas (1,21), lo que indica que el empleo sistemático del MNA ayudaría a reducir el número de fallecimientos asociados a la malnutrición (21).

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