DISCUSSIÓN

No son muchos los estudios que valoran la calidad de la dieta en las personas de mayor edad que viven en sus domicilios. Normalmente, los trabajos de investigación realizados en este colectivo se centran en el ámbito institucional 19 , posiblemente debido, a la facilidad de acceso y recogida de datos en la población institucionalizada. Pero no podemos olvidar que los adultos mayores autónomos no institucionalizados, aunque aparentemente estén sanos, pueden tener hábitos alimentarios poco saludables que ponen en riesgo su salud y su bienestar. Dicho riesgo puede pasar desapercibido debido al aparente buen estado de salud y grado de independencia.

Una de las características habitualmente presentes en el proceso de envejecimiento es el desarrollo de alteraciones en la alimentación y nutrición de las personas mayores. Diversos autores indican que el grupo de personas de 80 o más años de edad, y sobre todo, el grupo de mujeres, presentan una mayor prevalencia de malnutrición 20 Teniendo en cuenta que este colectivo va en aumento, el mantenimiento de un estado nutricional óptimo, adaptado a cada condición física y personal es clave para mantener un quilibrio nutricional saludable y una buena calidad de vida. En este sentido, el papel preventivo de una correcta ingesta de nutrientes es primordial para emprender acciones orientadas al mantenimiento de la salud en el binomio envejecimiento-nutrición, evitando así la malnutrición y sus consecuencias sociosanitarias. Es evidente la necesidad de controlar regularmente el estado nutricional de las personas mayores utilizando herramientas de seguimiento indicadoras de su situación nutricional tales como, IAS y ADM utilizados este trabajo. Numerosos estudios, en los que se utiliza IAS para valorar la calidad de la dieta, muestran que la mayoría de las poblaciones, independientemente de la edad, necesitan realizar cambios en su dieta habitual para conseguir una alimentación saludable (8,21.)

Aunque diversos estudios muestran diferencias significativas en todos los grupos etarios, son las mujeres y la población de edad más avanzada los que presentan valores superiores de IAS (22,8). Sin embargo, nuestros resultados no mostraron diferencias significativas debidas al grupo etario ni al sexo. Los resultados del IAS fueron significativamente mayores que los publicados en estudios previos utilizando una metodología similar. A pesar de esto, la mayoría de la población estudiada necesitó cambios en su alimentación (8,21,22). Resultados similares fueron publicados por Rehm et al (21) con valores IAS de 63,3 en personas mayores de 75 años. Bowman et al 23 indicaron que el 74% de la población necesitó cambios en su alimentación. En la misma línea, Norte et al 8, publicaron que más del 69% de la población española necesitaba cambios en su alimentación según IAS, aunque detectaron que las personas mayores de 64 años necesitaban menos cambios.

Por otro lado, se ha demostrado científicamente la asociación del patrón de Dieta Mediterránea y el estilo de vida saludable con una mayor longevidad (9,10), menor mortalidad general en personas de edades entre 70-90 años 10 y menor mortalidad cardiovascular en los países mediterráneos respecto a países del norte de Europa y Estados Unidos 24-26. Concretamente el indicador ADM se ha asociado con una reducción significativa en el riesgo de patologías relacionadas con la calidad de la dieta, tales como diabetes 27 , síndrome metabólico 28, patologías cardiovasculares (29) y patologías cognitivas asociadas al consumo de aceite de oliva como grasa principal (12,30,31) y frutos secos (30,31).

La dieta de la mayor parte de la población estudiada cumplió con la mayoría de las recomendaciones del patrón alimentario de Dieta Mediterránea (18) . Se halla ron similitudes con diversos estudios en el consumo de aceite de oliva como grasa principal (11,12,14,26), insuficiente consumo de verduras (7,11,32,26) y de frutos secos (33), consumo adecuado de pescado (26), mantequilla y carnes grasas(11), elevado consumo de embutidos (8) y sedentarismo en la población (34). Sin embargo, el consumo de fruta en la población estudiada fue correcto, a diferencia de lo publicado por otros autores, cuyos resultados indican un consumo deficiente de este grupo de alimentos (11,32). Bowman et al (23) indicaron que sólo el 17% de la población estadounidense consume las raciones de fruta recomendadas al día. De forma similar, Norte et al(8) indica que el 28% de población española tampoco consume suficiente fruta.

Numerosos estudios muestran que las personas de edades avanzadas, respecto a los más jóvenes, presentan valores superiores de ADM 11, debido a que la población joven frecuentemente consume una dieta incorrecta que resulta nutricionalmente poco saludable (8), lo que parece indicar que el establecimiento de unos hábitos alimentarios correctos perduran y repercuten positivamente en la salud del individuo adulto y el adulto mayor (34).

Por otro lado, la dieta habitual de la población española difiere cada vez más del patrón de Dieta Mediterránea, independientemente de la edad (32). Este hecho es de indudable interés para toda la población, pero adquiere mayor importancia en poblaciones de riesgo como son las personas mayores (13,14).

La valoración de la calidad de la dieta con los dos indicadores utilizados en este trabajo, IAS y ADM, estuvo marcada por la limitación de no poder cuantificar los resultados de raciones de alimentos, puesto que en el cuestionario original no figuraban las cantidades consumidas de cada alimento. A pesar de esa limitación, los resultados de este estudio son relevantes para dar a conocer la importancia de elaborar cuestionarios de frecuencia de consumo ajustados a cada grupo poblacional con información cualitativa y cuantitativa. De esta manera, el análisis de datos permitiría obtener un buen conocimiento global de hábitos alimentarios de la población, y establecer las posibles opciones de intervención.

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