INTRODUCCIÓN

El envejecimiento poblacional es un triunfo de la sociedad actual, ya que refleja la mejora de la salud, aunque también plantea desafíos importantes para el futuro. La mejora de las condiciones de vida, en gran parte de los países desarrollados, ha contribuido a aumentar la esperanza de vida al nacer. Actualmente, en España la esperanza de vida se encuentra dentro de las más elevadas de Europa con cifras de 77,8 años para los hombres y de 84,3 años para las mujeres 1. Pero el envejecimiento en nuestro país seguirá creciendo de modo que, para el año 2060, se prevé que un tercio de su población estará compuesta por adultos mayores, destacando el incremento de personas octogenarias que, previsiblemente, pasará a ser un 13% de la población total(2). El colectivo de adultos mayores, es considerado por los expertos como uno de los grupos más vulnerables de sufrir problemas nutricionales. El estado nutricional de estas personas, es el resultado de una serie de factores que lo condicionan; entre ellos, destacan el nivel nutricional mantenido a lo largo de los años, el proceso fisiológico de envejecimiento, las alteraciones metabólicas y alimentarias, estados de morbilidad tanto crónicos como agudos, la toma de fármacos, el deterioro de la capacidad funcional y las situaciones psicosociales y económicas que mantienen(3).

Los adultos mayores no institucionalizados y autónomos son un colectivo que, aunque no suele presentar malnutrición, suele presentar riesgo de malnutrición8(3,4). Detectar problemas nutricionales en este grupo poblacional, aparentemente sano, es un reto para los profesionales de la salud por su dificultad puesto que, muchos de ellos ni siquiera acuden de forma periódica a los centros de salud. La elaboración de protocolos basados en estrategias de detección precoz a través de la identificación de factores asociados a los problemas nutricionales, podría ayudar en su identificación.

La valoración de la calidad global de la dieta y la determinación de su relación con el buen estado de salud es un desafío clave en epidemiología nutricional para detectar problemas nutricionales. Numerosos estudios evidencian la asociación entre el consumo de algunos alimentos y/o de nutrientes específicos, con un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas(5) o de favorecer su efecto protector(6). Es así como cada vez hay mayor interés por el estudio de indicadores de la calidad global de la dieta a través de grupos de alimentos. Aunque los estudios epidemiológicos centrados en un único nutriente, como de tipo de grasas de la dieta, siguen siendo de interés científico, recientemente es más frecuente la utilización de indicadores de la calidad global de la dieta, basados en el consumo de grupos de alimentos, tales como el grado de adherencia al patrón alimentario de Dieta Mediterránea (ADM)(7,8) y el índice de alimentación saludable (IAS)(8). Ambos, son métodos rápidos y económicos para estimación de la calidad global de la dieta siendo útil en la planificación de políticas nutricionales(8).

Diversos estudios han asociado una mayor longevidad y menor morbimortalidad con el patrón de Dieta Mediterránea(9,10), concretamente el grado de adhesión a la Dieta Mediterránea se ha asociado con una reducción significativa en el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer y enfermedades degenerativas, entre otras causas de mortalidad(11,12). Estas patologías están muy relacionadas con la calidad y cantidad de los alimentos consumidos habitualmente en la totalidad de la dieta.

A pesar de que la Dieta Española se ajusta al patrón de Dieta Mediterránea, la evolución en los últimos años muestra cómo los hábitos alimentarios siguen una trayectoria poco saludable(8). Este hecho adquiere mayor importancia en poblaciones de riesgo, como son ancianos, niños y adolescentes(13,14).

El objetivo principal de este trabajo fue determinar la calidad global de la dieta de una población de mayores de 80 años residente en España en diversas zonas, para establecer estrategias de intervención que permitan fomentar el establecimiento de hábitos alimentarios saludables, y promover la calidad de vida del anciano. La calidad de la dieta se evaluó estudiando los hábitos alimentarios, la frecuencia de consumo de grupos de alimentos y el patrón alimentario seguido por la población.

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